En el año 1949 Ladislao Kubala abandonó su país, Hungría. Fue jugador destacado en el Ferencvaros y el Vasas de Budapest, pero debido a la guerra, decidió poner rumbo a Checoslovaquia, país natal de sus padres. Éstos, siguieron viviendo en Hungría mientras su hijo jugaba en las filas del Bratislava. Terminada la contienda regresó a su país. Decidió dejar atrás el Telón de Acero y se despidió de su madre sin decirle dónde se dirigía.
Kubala formaba parte del F.C. Barcelona cuando llevaba varios años sin ver a su madre. También formó parte del combinado nacional, jugando 19 encuentros. Pero un pedazo muy importante de su vida seguía atándole a su pasado. Es ahí donde entra la figura de Don Santiago Bernabéu. En septiembre de 1961 el Real Madrid disputaba la primera fase de la Copa de Europa frente al Vasas de Budapest. En Hungría el Madrid se impuso 0-2, con tantos de Tejada por partida doble. Para festejarlo el Real Madrid organizó una fiesta. En la misma, Bernabéu tomó la palabra para decir: "Voy a pedir un favor a los aquí presentes. No es para mí, ni para mi equipo, sino para la máxima figura de nuestro equipo rival, el Barcelona. Kubala lleva catorce años sin ver a su madre..."
Un tiempo después, y con la mediación del presidente del Real Madrid y del Ministro de Asuntos Exteriores, Kubala se dirigió a Viena donde aterrizaría su madre unas horas después. Desde allí y tras las lógicas muestras de afecto entre ambos, pusieron rumbo a la ciudad condal. Este episodio no es más que otra muestra del altruismo del que ha sido el mejor presidente de nuestra entidad.
Enrique Llaudet, presidente del Barza, saluda en húngaro a la recién
llegada madre de Kubala a Barcelona. Foto: La Vanguardia
Probablemente muchos de los que paséis por aquí ya habréis leído, en muchos casos más de una y dos veces, el artículo que se relata a continuación. Estas líneas serían el pistoletazo de salida de una generación que podría calificar con mil y un apelativos, pero todos ellos serían repetidos. Fue Julio César Iglesias, periodista de El País por aquel entonces, quien escribió un artículo atípico. No hablaba de las estrellas del momento. Se fijó en la cantera madridista. Esta vez el protagonismo no estaría en el Estadio Santiago Bernabéu, sino en la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Esa sepultada hoy por cuatro mastodónticas torres.Este artículo, no por tanto repetido, es menos interesante. No podía faltar en el blog.
Castilla Club de Fútbol, esplendor en la
hierba
Si el fútbol fuese una ciencia exacta, el éxito del Castilla sería sólo una
igualdad matemática: con la jornada de ayer, quince puntos, cinco positivos,
veinticinco goles a favor, once en contra. Si el fútbol fuese únicamente una
ciencia, el éxito de Butragueño, delantero centro titular, sería un simple dato
numérico: quince goles en once partidos. La serie goleadora de Butragueño, El
Buitre, es una muestra de calidad personal y es también el resultado de una
suma de esfuerzos. Detrás de El Buitre están el trabajo de un entrenador con
imaginación, Amancio Amaro, míster AA, y el ingenio colectivo de Michel,
Pardeza, Sanchís y Martín Vázquez. Una promoción a la que los hinchas comienzan
a llamar La quinta de El Buitre.
Las primeras noticias sobre El Buitre datan de hace dos años y de un trofeo
Santiago Bernabéu. Aquélla era una tarde cubierta de estaño, estaño fundido,
cuyas últimas luces llegaban, divididas, desde las azoteas de los edificios más
próximos.
A las siete de aquel miércoles de cerveza y fundición, los cronistas
comenzaban a deslumbrarse con cierto Taland, un holandés berrendo en
surmoluqueño que llevaba el balón con ceremonia, como si fuese un pastel de
cumpleaños. Una vez en área, le enseñaba el pastel al defensa, y en el último
momento lo escondía con el donaire de un prestidigitador. Luego bajaba la
cabeza como si quisiera recoger los aplausos en el hoyo del cogote.
Uno a cero gana el AZ al Real Madrid juvenil. Faltan quince minutos
Pero en aquella tarde metálica los
ojeadores descubrirían un segundo fenómeno: para responder al holandés berrendo
en surmoluqueño, Grande, el entrenador local, sacó a un extraño chico dotado de
una tosca figura de repartidor. Tenía la espalda recta, las piernas robustas y
cortas, y los brazos, largos y pendulares. Por si fuera poco, estaba rematado
por una cabecita poliédrica cuyo punto de fuga era una nariz triangular. Como
contrapartida, no tenía un pelo de tonto; alguien, seguramente un aprendiz, le
había rapado al cero. Aquel tipo se llamaba Emilio Butragueño.
Cuando recibió el balón, las cosas cambiaron radicalmente. Dio un toque para
controlar, levantó la cabecita, vio un hueco entre los defensas y metió un pase
que era medio gol. Unos minutos después se había confirmado como un virtuoso
del juego corto, uno de esos seres nacidos para la picardía de los salones de
palacio. En el último minuto empató el partido. “Ni un pelo de tonto”,
reconocieron los escépticos.
Muchos meses más tarde, aquel tipo microcéfalo reaparecía en el Real Madrid
de Tercera División, antes llamado el amateur. El partido se jugaba en la
Ciudad Deportiva. Había mucho público. En aquella fría mañana de estaño y
limonada los chicos no lograban hacer un gol. A última hora llegaron al
graderío dos desconocidos, seguramente dos locos. Eran bajitos, barbudos y
medio incendiarios, y venían hablando de Butragueño. Decían que era un hombre
de cinco velocidades. Sabía jugar a la carrera y tenía la plusvalía de una
quinta marcha.
Cuando faltaba un minuto, El Buitre recibió el balón. En el círculo central
metió la primera, en la demarcación de medios volantes la segunda, en línea de
media luna la tercera, y en la línea frontal la cuarta. Los dos desconocidos
empezaron a gritar “¡la quinta, Buitre! ¡La quinta!”
Fuera por prodigio o por casualidad, El Buitre dio un definitivo acelerón,
se presentó ante el portero y disparó suavemente hacía la izquierda. Más que
una jugada, aquel lance fue una conversación de El Buitre consigo mismo. Un
monólogo que sólo podía terminar en gol.
Desde entonces El Buitre ha demostrado mil veces en el Castilla que la
distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta. Avanza en zigzag, o
más exactamente, en zigzag y plata, como el relámpago. Su picado en el área es
un flash, una explosión de luz rápida y deslumbrante.
La quinta de “El Buitre”
Sin embargo, la ascensión de El Buitre ha sido un
fenómeno asociativo; su juego y sus goles han sido posibles gracias a la rara
coincidencia de una emoción popular, de un gusto de la hinchada por la
fantasía, y de una quinta de extremos fulgurantes y mediocampistas finos y
geométricos. Los goles de El Buitre son cosa de Fuenteovejuna. De todos a una.
Todo empezó un jueves, a quinientos metros del casino de Montecarlo. Se
disputaba la final del torneo juvenil Príncipe de Mónaco de selecciones
nacionales, un campeonato de Europa oficioso. Había participado la selección
española, y uno de sus jugadores, Miguel González, Michel, era designado mejor
futbolista del año. Se rumorea que en la entrega de premios a la princesa
Carolina se le cayó la pamela en presencia del joven interior izquierda, y que
a Philip Junot se le empezó a caer Carolina. Tal episodio es, sin duda, un bulo
con el que los cronistas quisieron reflejar su deslumbramiento ante los pases
de Michel al espacio libre, ante su imaginativo juego de estudiante. “La
imaginación, al poder”, dijeron los rezagados del Mayo francés; “La
imaginación, al Castilla”, dijeron los aficionados madridistas que pretendían
tomar por sorpresa los cuarteles de invierno de la vieja guardia. Pasaron el
tiempo y los partidos. Hoy, con veinte años, Michel, capitán y líder del
equipo, ensaya algunas viejas suertes olvidadas en los desvanes del Mundial de
México; Junot se está quedando calvo, y la princesa Carolina deja caer su
pamela ante Guillermo Vilas y Roberto Rossellini.
A la sombra de Michel comenzó a crecer Miguel Pardeza en los valles planos
del estadio Santiago Bernabéu. Había venido de algún lugar de Huelva. Tenía la
sagacidad de los linces de Doñana y, sobre todo, su misma rapidez. Para Pardeza,
el gol es, antes que una jugada, un presentimiento. Tiene, como su compañero El
Buitre, un pálpito especial que le permite situarse en el punto exacto, justo
un segundo antes de que el balón haya llegado hasta allí. Luego toca, amaga,
vibra y se esfuma entre los defensas como un muñequito electrónico. A la vista
de su baja estatura, de su juego entre cósmico y tercermundista, los
aficionados sospechan que no es únicamente una modesta versión de Maradona y
una versión superior de Pato Yáñez; podía ser muy bien una mutación de Amancio
y Johnstone; tal vez un ordenador japonés de bolsillo. Hasta ahora ningún
defensa ha logrado tomarle el programa, y en Segunda División comienza a
rumorearse que, de noche, todos los gatos son Pardeza.
Meridiano de “Greengoal”
Detrás de él, más bien hacia el centro, se mueve Lolo Sanchís. Seguramente
nació por primera vez cuando su padre le hizo un gol agónico a Suiza en el
mundial de Londres. Aquel Sanchís de tupé, barro y medias caídas se alzó del
suelo gritando gol y soñando con una perpetuidad llamada Lolo.
Hoy Lolo tiene dieciocho años, una especie de ceja única, como de Polifemo,
y es un niño terrible. Si estás en el equipo contrario, te persigue, te quita
el balón, te pasa por encima, se escapa, y mata al portero de un disparo a
bocajarro. Es muy malo, muy peligroso y muy positivo, y lleva una crónica negra
escrita en la frente. Si no se regenera pronto, podría convertirse en uno de
los mejores medios-matraca de Europa, borrar la memoria de Nobby Stiles y Bobby
Moore, y aburrir a Sócrates, Falcao, Antognoni y otros sabios de Grecia en el
Mundial de 1986. Si Dino Zoff decide volver, peor para él. Porque dicen los
augures que el próximo grito de la hinchada será “¡Mata, Sanchís!”
Los cambios de juego hacia la izquierda suelen comenzar en Martín Vázquez.
Como su amigo y protector Ricardo Gallego, aprendió en un colegio de frailes.
Es, sin duda, la nueva frontera del fútbol. Tiene el ascetismo seco y disciplinario
de los trapenses y el misticismo barroco de las carmelitas. Vive sin vivir en
él, es decir, se desvive. Pero lo hace jugando al primer toque, o conduciendo
con prudencia el balón, o persiguiendo al enemigo con la tenacidad de los
peregrinos. Tiene la disciplina de Overath, la paciencia de Gárate, la solidez
de Gerson y la fantasía mediterránea de don Manuel Velázquez Villaverde, duque
de la Menta. Hay una línea imaginaria, un meridiano de Greengoal, que une
Wembley con Maracaná a través de Chamartín y del Camp Nou. Pasa por Rafael
Martín Vázquez.
De repente, Martín Vázquez, la próxima gran figura de la fiesta, centra con
la parte exterior del pie, controla Michel, toca, ¡top!, hacia la derecha,
recibe Pardeza, quiebra, pasa hacia el punto de penalti, llega Butragueño,
desvía hacia la izquierda. Gol, goool. Gol de El Buitre. Catorce goles en diez
partidos.
Hace mucho tiempo Alfredo Di Stefano tenía hilo directo con el Olimpo. Hoy
debe tenerlo con las brujas de Macbeth y con el espíritu de Maquiavelo, como lo
tuvo cuando volvió a River Plate. Allí, Beto Alonso estaba indispuesto;
Fillol quería irse; Pasarella pensaba en Italia, y Tarantini, en su mujer,
la vedette Pata Villanueva. Don Alfredo llamó a la última promoción de
juveniles del club, a la quinta de Clausen y Vieta. Y ganó el campeonato.
Si los augures no se equivocan, ahora tiene diez minutos, acaso dos o tres
partidos de Liga, para movilizar a la quinta de El Buitre. Para llamar a la
imaginación, a la disciplina y a la calidad.
Tal vez así no logre ganar el campeonato, pero algunos hinchas recordarán el
espíritu aventurero de Old Trafford y dirán: “El viejo don Alfredo ha vuelto a
ser Di Stéfano”.
Como sucediese con la Copa de Europa, la Supercopa tuvo sus
raíces en un medio de comunicación. Este vez fue en Holanda y gracias al
periodista Anton Winkamp, del periódico De Telegraaf. Hay que remontarse a
1972, cuando el Ájax de Ámsterdam de Cruyff y Neeskens asombraban al viejo
continente con su fútbol revolucionario que se vio plasmado con 2 Copas de
Europas consecutivas (conseguirían otra más en la temporada siguiente). A esto
hay que añadir que el último campeón antes del Ájax fue el Feyenoord, por lo
que el dominio del fútbol holandés a comienzos de los 70 era incontestable.
Supuestamente el campeón de la Copa de Europa es el mejor
equipo del continente, pero Winkamp quiso contrastarlo enfrentando al campeón
de dicho torneo con el de la Copa de Campeones de Copa, es decir, la por
desgracia extinta Recopa de Europa. Hay que tener en cuenta que por aquel
entonces solo los campeones de Liga jugaban la Copa de Europa, lo que dejaba un
elenco de equipos a las otras dos competiciones europeas que nada tenían que
envidiar a la máxima competición. No había esas "dos velocidades" que
puedan existir ahora comparando Champions y Europa League. El periodista trasladó su idea al presidente del Ájax, Jaap
Van Praag, quien entusiasmado con la idea le acompañó a la sede de la UEFA para
exponerla al entonces presidente Artemio Franchi. Antes se lo habían comunicado
el Celtic de Glasgow, campeón de la Recopa '72, quien recibió con ilusión el
proyecto para conmemorar el centenario de Club. Franchi también valoró de forma
positiva lo que le habían expuesto, pero no se atrevió a organizarlo debido a
que sobre el Celtic pesaba una sanción por el comportamiento de los hooligans
escoceses en la final de la Recopa disputada en Barcelona frente al Dynamo de
Moscú.
Pese a la negativa de la UEFA el Celtic y Ájax se pusieron
de acuerdo para disputar el torneo extraoficialmente con el patrocinio de De
Telegraaf. El rotativo holandés corrió con todos los gastos y se decidió que
sería a doble partido para que ambos clubes aumentases sus ingresos. El 16 de enero de 1973 se jugó la ida en
Ibrox Park con victoria 1-3 para el Ájax. La vuelta fue una semana después, el
24 de enero, en Ámsterdam, donde los locales se impusieron 3-2.
El torneo tuvo mucho éxito, por lo que la UEFA decidió darle
un valor oficial pasando a organizarla ella misma. La edición de 1973 se
disputó realmente en el 74 por falta de fechas, enfrentándose Milán y Ájax. El
problema para ubicar el torneo en el calendario fue una constante, lo que
dificultó mucho su arraigo en el aficionado. En 1974 no se disputó. Según la
versión oficial de la UEFA es porque no se pusieron de acuerdo en las fechas
los contrincantes, pero en otras fuentes señalan que fue por cuestiones
políticas. El Bayern de Munich era el vigente campeón de Europa y el
Magderburgo, de Alemania Oriental, de la Recopa. El muro dividía Alemania y al
fútbol. Sí fue por falta de acuerdo en
las fechas el motivo por el que no se disputó en 1981 entre el Liverpool y el
Dinamo Tbilisi. También en 1984, y de nuevo con el Liverpool mediante, se
disputó solo el partido de ida, en Turín frente a la Juventus, por no disponer
de fecha para la vuelta.
Otras Supercopas peculiares fueron la de 1986 y 1991. En el
86 se jugó a partido único en el Estadio Luis II de Mónaco por cuestiones
políticas. Se enfrentaron el Steaua de Bucarest
(¡grande Duckadam!) y el Dynamo
de Kiev. Ganaron los rumanos 1-0. En 1991 y también por motivos políticos se
disputó a un partido, concretamente en Old Trafford, entre el Manchester y el
Estrella Roja de Belgrado. La situación en la ex-Yugoslavia era ya
insostenible.
Antes, en 1985, el torneo tampoco se disputó. El motivo era
la sanción impuesta por la UEFA a los
equipos ingleses, impidiéndoles jugar competiciones europeas tras la tragedia
de Heysel. Para dicho torneo la Juventus llegaba como campeona de Europa y el
Everton de la Recopa.
A partir de 1998 la Recopa encontró un hueco fijo en el
calendario y una sede definitiva hasta el año pasado. Mónaco acogería el primer
título continental de la temporada el último fin de semana de agosto.
Precisamente fue el Real Madrid quien estrenó este nuevo formato frente al
Chelsea. Pena de gol de Poyet que nos privó de un título que por aquel entonces
aún no lucía en nuestras vitrinas. Volvimos a disputarla 2 años después. Pero
se cruzó en nuestro camino el mejor equipo que ha tenido el Galatasaray con un
MarioJardel que por entonces ejercía de nuestra bestia negra. Primero fue con
el Oporto y después con el conjunto turco. Aquella noche de verano del 2000 nos
sentenció con 2 tantos. Este año también hubo una novedad; el Galatasaray no
llegaba como campeón de la Recopa, ya que en 1999 fue el último año que se
disputó dicho torneo. Desde esta temporada sería el ganador de la Copa de la
UEFA quien se enfrentaría al campeón de Europa.
El Real Madrid tuvo que esperar hasta el 2002 para ganar por
primera vez la Supercopa de Europa, derrotando al Feyenoord holandés por 3-1 (Guti anotó en este partido, siendo el único jugador de la plantilla que anotó esa temporada en todas las competiciones: Liga, Copa, Copa de Europa, Supercopa de Europa y Copa Intercontinental). Este 2014 se nos presenta
una nueva oportunidad, pero no será en Mónaco, sino en Cardiff. Desde la
temporada pasada la Supercopa viajará por Europa disputándose cada año en una
sede distinta. El vigente campeón, el B. Munich, derrotó al Chelsea en Praga.
Otra novedad este año es se jugará el 12 de agosto, adelantándolo dos semanas
en el calendario, lo que me hace considerarlo un error ya que el poco tiempo
que tienen los equipos para prepararse hace que el torneo pierda intensidad e
interés, convirtiéndolo más bien en un trofeo de pretemporada.
EL TROFEO
Como la propia competición, el trofeo, físicamente hablando,
también ha sufrido variaciones desde aquel 1972. En los primeros cuatro años el
trofeo era de grandes dimensiones, bastante más que la Copa de Europa. A partir
de 1976 se entregaba una placa de madera con el emblema de la UEFA y la silueta
del continente europeo en oro. En 1987
cogió la forma que conocemos hoy en día. Si bien en 2006 se volvió a modificar,
aumentando en peso y tamaño y variando los colores de la base, la silueta se
mantiene casi igual. El actual se fabricó por la empresa Bertoni de Milán.
El Ájax fue el campeón de 1973 frente al Milán. Pasean el trofeo que se entregó hasta 1975.
Aberdden campeón en 1983. Con la placa de madera entregada durante una década.
Fernando Hierro levantando el trofeo que se entregó desde 1987 hasta el 2006.
Desde 2066 se entrega este trofeo, el cual esperamos levantar en 12 de agosto.
Lo bonito de las fases finales es que concentra en un mes
(tres semanas si es Eurocopa) lo mejor del orbe futbolístico. Pero también es
interesante ver las distintas aficiones con sus respectivos estilos. En la pasada
Eurocopa de Polonia-Ucrania, España se exhibió sobre el tapete. Pero en
cuestión de gradas, donde también se puede crear y disfrutar de espectáculo, la
afición española no está a la altura del palmarés de la Selección de los últimos
tiempos. Para eso ya están otras aficiones, con peor calidad en sus jugadores,
pero con ganas de pasárselo bien de verdad y con ganas de apoyar a su equipo.
Así no levantarán un título, pero sí podrán sonar por mucho tiempo los ecos de
sus gargantas en los estadios que visitaron. Dudo mucho que el hemos venido
a emborracharnos y el resultado nos da igual deje huella en el resto de
aficiones.
El 14 de junio del 2012, España se enfrentó a Irlanda en el
segundo partido de la fase de grupos. En el Arena de Gdansk, Torres por dos
veces, Silva y Fábregas, daban el partido a España. El aficionado español
disfrutó de una apacible victoria. Pero los allí presentes, podrán alardear del
recital irlandés que se inició a falta de 10 minutos para la conclusión del encuentro
y cuando el marcador señalaba un 4 a 0 para España. Entonces, la muchedumbre
que teñía la grada de verde, se alzó para entonar una hermosa balada, dejando
atónitos a todos aquellos que sienten una mínima sensibilidad por el aficionado
y su papel desde el graderío.
Cuando concluyó el partido y los supporters
irlandeses seguían en trance entonando su himno oficioso, muchos ya nos
preguntábamos qué canción era aquella. No me equivoco diciendo `muchos´ debido
a que al día siguiente se podían leer múltiples artículos y comentarios al
respecto, con gente que había investigado para dar respuesta al enigma. The
fields of Athenry es el título.
Fue compuesta por Pete St John en 1970. La canción narra las
desventuras de un joven que, a mediados del siglo XIX y en el contexto de la
Gran Hambruna que asoló Irlanda, se vio empujado a robar para alimentar a su
familia, afincada en Athenry, en el condado de Galway. Michael, el joven que
robó el maíz, es apresado por las fuerzas de seguridad y condenado al destierro
en Australia, concretamente a Botan Bay. La estrofa principal narra el recuerdo
de Michael por su tierra. Es una canción versionada por múltiples grupos. La
primera grabación se realizó en 1979 por Danny Doyle, aunque la versión con más
éxito data de 1983, obra de Paddy Reilly. A partir de aquí, son muchos los
conjuntos que la tocan, siendo tal vez los más conocidos hoy en día Dropckick
Murphys y The Dubliners. Lo curioso es encontrar formaciones de
habla no inglesa que también han tocado los acordes del tema: los hay húngaros,
serbios o polacos. Las gradas no han sido ajenas a la emotiva balada, y
distintas aficiones entonan sus estrofas, como veremos más adelante.
La canción es un símbolo de orgullo para los irlandeses
dentro del conflicto que han mantenido, y que aún hoy no se ha apagado, con los
ingleses. La Gran Hambruna del XIX obligó a centenares de miles de irlandeses a
emigrar. Muchos cruzaron el océano, pero otros fijaron su destino dentro de las
islas británicas. Fruto de esta diáspora surgirían clubes de fútbol como el
Céltic de Glasgow y el Hibernian de Edimburgo, o el London Irish de rugby.
Estos clubes usan The fields of Athenry como himno oficioso, al igual
que hacen los supporters de las respectivas selecciones nacionales. La
nota curiosa la ponen los hinchas del Liverpool, que han modificado la letra
sustituyendo los relatos históricos de la Gran Hambruna por hechos sucedidos en
la historia de su club. La
canción que sale desde The Kop la titulan The Fields of Anfield Road.
En el ámbito republicano, cuando la canción entona la
estrofa Our love was on the wing, la
gente responde Sinn Fein. Y con We had dreams and songs to sing, la respuesta es IRA! También los unionistas
tenían su versión, sustituyendo Athenry
por Ballynafeigh. Los aficionados irlandeses que estuvieron en Gdnask
animando a los suyos, concretamente cantaban el estribillo:
Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly.
Our love was on the wing,
We had dreams and songs to sing
it’s so lonely ‘round the fields of Athenry
LETRA
By a lonely prison wall
I heard a young girl calling,
‘Michael, they are taking you away.
For you stole Trevelyan’s corn,
So the young might see the morn,
Now a prison ship lies waiting in the bay.’
Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly.
Our love was on the wing,
We had dreams and songs to sing
it’s so lonely ‘round the fields of Athenry
By a lonely prison wall
I heard a young man calling
‘Nothing matters, Mary when you’re free
Against the famine and the crown,
I rebelled, They ran me down,
Now you must raise our child with dignity.’
By a lonely harbour wall,
As she watched the last star fall
As the prison ship sailed out against the sky
For she lived in hope and pray
For her love in Botany Bay
it’s so lonely ‘round the fields of Athenry
It’s so lonely ‘round the fields of Athenry
TRADUCCIÓN AL CASTELLANO
A través del muro de una prisión
solitaria
oí a una chica joven gritar:
“Michael, te están enviando lejos
por robar el maíz de Trevelyan,
así el joven podría ver la mañana,
ahora un barco-prisión se encuentra esperando en la bahía”.
Abajo se encuentran los campos de Athenry
donde una vez vimos a los pajarillos volar libres.
Nuestro amor estaba en vuelo,
teníamos sueños y canciones que cantar.
Está tan solitario por los campos de Athenry.
A través del muro de una
prisión solitaria
oí a un hombre joven gritar:
“Nada importa, Mary, cuando seas libre.
Contra el hambre y la corona
me rebelé, ellos me denigraron,
ahora debes criar a nuestros hijos con dignidad”.
A través del muro de un puerto
solitario,
ella observó caer la última estrella
cuando el buque-prisión zarpó contra el cielo
porque ella vivía en la esperanza y la oración
por su amor en Botany Bay
Con esta pasada última jornada se da por concluida una nueva edición de la fase regular de la ACB. Como me sucede todos los años, y me consta que a más gente, es un gran momento por lo tedioso de las últimas semanas ligueras y porque por fin llega la fase decisiva. Ya no hay margen de error.
Este año nos encontramos inmersos en la trigésima edición de la Liga ACB como tal. Por eso traigo este artículo extraído del blog de Berserkers y que repasa en sus líneas los inicios de la nueva era del baloncesto. Decir que el texto fue publicado con motivo del inicio de la temporada, allá por el mes de octubre, por eso no extrañe a nadie si le resulta anacrónico sobre todo las primeras líneas. Pero ya que lo copio de su web no quería pecar de osado y modificarlo.
Texto y fotos: http://berserkers2005.blogspot.com.es/
Este fin de semana comienza la Liga 2013/14, aunque para nuestro equipo será el martes cuando se dé el pistoletazo de salida. La Liga Nacional lleva disputándose desde la temporada 1956/57, pero en el presente curso se celebran los 30 años desde que la ACB se hizo cargo de la organización de la competición, introduciendo el formato de Play-Off, intentando copiar por aquellas el modelo italiano.
Este episodio supuso una revolución en el baloncesto español. La Asociación de Clubes de Baloncesto, que se fundó el miércoles 3 de marzo de 1982, buscaba la completa profesionalización del deporte y le ganó la partida a la Federación Española de Baloncesto tomando el relevo en la organización del campeonato. Se pretendía sacar mayor rentabilidad y promoción de la competición liguera. Se consiguió la aparición de nuevos patrocinadores para los equipos. Se introdujo la norma de que cada plantilla podía contar con dos jugadores extranjeros sin necesidad de que se nacionalizasen, lo que repercutió en mayor espectáculo sobre el parqué. También se quería con esta norma igualar las fuerzas de los equipos. Otra norma nueva que surgió fue la desaparición del empate como resultado final de cada encuentro. A partir de ahora si se daban tablas en el marcador se procedería a jugar una prórroga de 5 minutos, o tantas como fueran necesarias para deshacer la igualada.
FORMATO
Brian Jackson y Fernando Romay disputan el balón a Andrés Jiménez, del Juventud de Badalona
El nuevo sistema de Liga dividía a los equipos en 2 grupos de 8. Se denominaban grupo IMPAR, el formado por: Juventud, Barcelona, Granollers, Málaga, Ferrol, La Laguna de Canarias, CB Huesca y Manresa EB; y por otro lado el grupo PAR: Real Madrid, Estudiantes, Zaragoza, CB Cajamadrid de Alcalá de Henares, Santa Coloma de Gramanet, Baskonia, CB Valladolid y CB Hospitalet. Realmente el nombre de los equipos correspondían al de sus patrocinadores, aunque en el artículo usamos los de origen para poder mostrar la localidad de procedencia de cada uno. Fue una de las novedades de la llegada de la ACB como organizador, lo que provocó que muchos equipos perdiesen su identidad en favor de la marca que les pagaba.
El grupo PAR e IMPAR disputaban la primera fase del campeonato. Los cuatro primeros de cada grupo formaban otro denominado A-1. El resto de equipos conformaban el A-2. De éste segundo grupo los cuatro primeros pasaban a disputar los Play-Off y los cuatro últimos jugarían unas eliminatorias entre sí para evitar bajar de categoría. Tres bajaban, por lo que solo el vencedor final libraba el descenso. En el grupo A-1 todos se clasificaban para la fase final, pero los cuatro primeros estaban exentos de la primera ronda eliminatoria. Real Madrid, primero en los dos grupos que estuvo, Barcelona, Cajamadrid y Cacaolat Granollers fueron los que pasaron directamente a cuartos de final.
PLAY-OFF
El Real Madrid se enfrentó en cuartos de final al CB Licor 43 (Santa Coloma de Gramanet), que venía de eliminar al Baskonia en la primera ronda. Toda la fase final se disputó al mejor de 3 encuentros. El Madrid necesitó de todos los partidos para clasificarse a semifinales tras perder el segundo. El Juventud de Badalona, que eliminó al Cacaolat Granollers, le esperaba.
Dos partidos inapelables fueron suficientes para que el RMCF se plantase en la final. 93-101 en el feudo de la Peña y un 116-89 ponían de manifiesto la superioridad blanca. La otra semifinal enfrentó al CAI Zaragoza y al FC. Barcelona. El primero venía de ganar al CB Cafisa Canarias en la primera ronda y al CB Cajamadrid en cuartos. Además, meses antes se habían impuesto en la final de la Copa del Rey, disputada en la capital aragonesa, al propio Barcelona. Los culés, exentos de la primera ronda, eliminaron al CB OAR de Ferrol. El Zaragoza ganó el primer encuentro en su casa, sucumbiendo ante los blaugranas en Barcelona en los dos siguientes. La primera edición de la Liga ACB deparaba un Real Madrid-Barcelona en la finalísima.
Tangana protagonizada por Davis, F. Martín e Iturriaga
Tal vez lo que nadie imaginaba es lo que iba a suceder, aunque 30 años después a algunos no nos sorprende visto el recorrido de valores y deportividad que se enseña en La Masía. El primer partido se jugó en Pabellón Blaugrana. El Real Madrid, con un recital de juego, se impuso por 65-80. Tras este partido y teniendo en cuenta quela serie se desplazaba a Madrid parecía que ya había campeón. Pero el Barcelona dio la sorpresa y se impuso en la capital 78-81. Se supone que la final iba al tercer partido, pero este nunca llegó. Se debió a que durante el partido de Madrid, el segundo, Iturriaga propino un codazo a Mike Davis, jugador del Barza, mientras sufría un bloqueo. Este respondió propinándole un puñetazo a Iturriaga, lo que derivó en una tangana entre el mismo jugador culé y Fernando Martín, quien fue a ayudar a su compañero. Los tres jugadores fueron expulsados del partido y posteriormente se les sancionó con 6 partidos de suspensión Davis, 3 a Fernando Martín y una multa económica a Iturriaga. El Barcelona consideró injusta esta decisión, por lo que optaron por no presentarse al último y decisivo partido en señal de protesta. Como consecuencia de la decisión culé se dio ganador del partido al Real Madrid por 2-0 y por lo tanto se proclamaron campeones de Liga.
En las eliminatorias por el descenso el Estudiantes y el CD Peñas Recreativas de Huesca jugaron la final tras eliminar al Ebro Manresa EB y Hospitalet respectivamente. El conjunto colegial se impusieron a los oscenses librándose así del descenso y condenando a los otros tres equipos a jugar en una categoría inferior. Hoy en día el Estudiantes lo tiene más fácil, lo que no consigue en la cancha lo hace en los despachos. Los equipos que ascendieron aquel año fueron: CB Collado Villalba, CB Breogán y RCD Español.
REAL MADRID
Los jugadores que completaban la plantilla madridista en aquella temporada fueron: Robinson, Rullán, Fernando Martín, Romay, Antonio Martín, Orenga, Jackson (máximo anotador del equipo en la fase regular), Simón, Iturriaga, Corbalán y Velasco. Jackson y Robinson vinieron para sustituir a Delibasic y Dalipegic. Biriukov también formó parte de la plantilla blanca sin poder debutar en Liga por ocupar plaza de extranjero. "Lolo" Saínz era el técnico blanco ayudado por Cliffrord Luyk.
Además del título liguero conquistado, la temporada se completó con la consecución de la Recopa de Europa, ganando en la final al Simac de Milán. El partido, que se disputó en Ostende, se resolvió por el lanzamiento de unos tiros libres a cargo de Brian Jackson, dejando el 82-81 final en el luminoso.
A lo largo de toda la temporada el Real Madrid demostró ser justo campeón, ya que en la primera fase quedó líder del grupo PAR tras perder solo 2 encuentros (1377 puntos a favor y 1092 en contra. En el grupo A-1 también terminó líder con tan solo una derrota (1313 puntos a favor, 1123 en contra). El otro finalista, el Barcelona, fue segundo en ambos grupos.
El equipo posa antes del segundo partido de la final. Foto: realmadrid.com
José Ramón MARSAL Ribó. Llegó al Real Madrid en 1955 y su
posición era de interior derecho. El primer año, jugó 6 partidos. Pero en las
dos siguientes temporadas sumaría 17 y 20 encuentros respectivamente. Fueron 21 los tantos que anotó con la camiseta
del Madrid, 6 de ellos curiosamente el primer año; a gol por partido.
Su mejor temporada anotadora fue la 1957/58 con 12 tantos. Su calvario
comenzaría en la 58/59, sufriendo una grave lesión que le tuvo mucho tiempo
alejado de los terrenos de juego. En 1962 se iría al Murcia, tras pasar casi
dos años en blanco en Chamartín. En tierras murcianas estuvo 2 temporadas
completas para dejar el club en la tercera. De allí pasó al Abarán, equipo de
la región murciana que jugaba en 2ª división, donde tras jugar 3 partidos en la
64/65 puso fin a su carrera.
Pero si por algo se recuerda a Marsal fue por un gol. El gol
de Marsal. Fue frente al Athletic de Bilbao, en el Estadio Santiago Bernabéu en
el año 1957. Para relatar el hecho a continuación os dejo con un artículo del
diario ABC.
El recuerdo de algunos artistas queda vinculado a una sola de sus obras: Manrique y las «Coplas a la muerte de su padre»; Albinoni y su «Adagio»; Lampedusa y su «Gatopardo». Algo parecido puede suceder en el fútbol, cuando se trata de un gol extraordinario: el de Marsal al Atlético de Bilbao, en Chamartín, el 17 de noviembre de 1957. Los diarios lo calificaron como «el primer gol mágico». Para los viejos aficionados, fue, simplemente, «el gol de Marsal».
En aquel Real Madrid de las cinco Copas de Europa, Marsal jugaba de interior derecho, alternando con Mateos. A este le llamaban, cariñosamente, «Fifiriche». A Marsal, «El Nene»; después de aquel gol, «el rey del dribling».
Ramón Marsal Ribó había nacido en Madrid, en 1934. A la vez que preparaba el ingreso para ingeniero industrial, entró en las categorías inferiores del Real Madrid. En la temporada 1953-54, fue cedido al Hércules; al año siguiente, al Murcia: jugaba entonces Marsal de delantero centro, junto a Peiró y Antonio Collar.
Con Villalonga volvió al Real Madrid, ya al primer equipo, en la 1954-55. Tuvo la fortuna de jugar en la inolvidable primera final de la Copa de Europa, el 13 de junio de 1956, en París, en la que remontaron un 0-2 frente al Stade de Reims, para acabar ganando 4-3. Formaban aquella delantera Joseíto, Marsal, Di Stéfano, Rial y Gento. En una foto, lo veo junto a don Alfredo, en un parque parisino: los dos, con traje oscuro, llevan en la mano un curioso maletín de mimbre...
A partir de ahí, fue campeón de la Copa de Caracas, en 1956; de la Liga, en 1957 y 1958; internacional A y B... Era alto, un poco desgarbado, parecía que podía enredarse él solo, con la pelota; pero tenía clase, visión de la jugada y una gran habilidad para regatear en un palmo a los defensas.
Llegamos ya a la tarde decisiva, el 17 de noviembre de 1957, en Chamartín, frente al Atlético de Bilbao. Cincuenta años después, Carmelo, el portero vasco, sigue recordando la jugada: «Se fue de Etura, de Garay, de Orúe, de Canito. Todos mis compañeros fueron al suelo y se le quedaron mirando. Lo hizo a una velocidad increíble. Parecía que tenía chicle en la bota. Vino hacia mí y me amagó hacia la esquina. Le pudo pegar con la zurda, pero no tiró sino que me volvió a driblar hacia dentro. Me dribló dos o tres veces, cosa que era imposible. Yo pegaba. Yo iba duro. En medio metro, yo era muy rápido y no me pasaban. Le solté una patada, pero no le cogí. Entonces, remató a la red. Fue un golazo, más que una obra de arte. El estadio se llenó de pañuelos blancos».
Los espectadores vivimos algo así como el «más difícil todavía» del circo: cada nuevo regate provocaba un grito de alegría y también de angustia. Al final, levantó el puño, junto al palo, para celebrar ese gol, aparentemente imposible... Tenía entonces Marsal 22 años: esa fue la cumbre de su vida deportiva. Después...
El 20 de abril de 1958, en Chamartín, jugando frente al Celta, pisó mal y se lesionó gravemente en la rodilla. Sufrió un calvario, tres operaciones en un año, hasta confirmarse el diagnóstico: rotura de los dos meniscos y del ligamento cruzado anterior. Tuvo que abandonar la profesión.
Definía así su juego: «Creo que mi virtud principal es mi enorme afición, mientras que mi defecto peor reside en mi falta de tiro a gol, no porque no sepa tirar, sino porque, inconscientemente, baso siempre mi juego en el regate, que estimo es lo que hago mejor en el campo».
Murió Marsal, en Madrid, el año 2007. De su famoso gol apenas quedan unos segundos de película, en blanco y negro. (La televisión no había llegado aún). Con su gracia habitual, lo resume Alfredo Di Stéfano: «Dejó un tendal en el suelo. Un tendal de gente. Como si se cayera la ropa que estaba colgada, igual. Total, que ganamos por 8-1 y no se hablaba más que del gol de Marsal. Se habló durante años». Algunos —cada vez, menos— seguimos hablando.
El equipo salta al césped del Bernabéu el último partido de la temporada frente al Español.
Ya son campeones.
El pasado mes de agosto salió una noticia sin mucha fuerza, en la cual se decía que Villar baraja un sistema de competición basado en un Play-Off final para intentar aumentar la competitividad de la Liga y reducir así distancias entre RMCF y Barza con el resto de equipos. Realmente a saber qué fundamentos tienen esa noticia, de donde la han sacado, qué tiene de verdad y qué de mentira. Ya se sabe como se las gasta la prensa a la hora de escribir un titular y dejarlo ahí, en el cementerio del olvido de las noticias falsas y/o sin sustancia. Pero al menos esta ha servido para dar pie al siguiente artículo en el blog, ya que de ser cierto no sería la primera vez que se disputa con un sistema similar, el cual fue un fracaso rotundo.
Hay que remontarse a la temporada 1986-1987. Se conoce como la Liga del Play-Off, pero no es del todo acertada la denominación. Un Play-Off se compone de eliminatorias directas, a uno o varios partidos, donde el perdedor queda eliminado y el vencedor pasa de ronda. En el caso del campeonato 86-87, no fue así. El formato consistió en dividir la competición en dos fases. La primera fue la habitual; los 18 equipos se enfrentan a lo largo de 34 jornadas. A continuación, los mismos 18 equipos se dividían en 3 grupos de 6. Los 6 primeros se disputaban el título liguero; los 6 últimos luchaban por eludir el descenso; los 6 que ocupaban la zona media de la tabla peleaban por una oportunidad de participar en la Copa de la UEFA. Esta fase de grupos también se disputaba a modo de liguilla, enfrentándose todos contra todos dentro de sus respectivos grupos.
El Real Madrid acabó ganando esta Liga tan peculiar y que daba opciones al sexto clasificado de hacerse con ella. Si se hubiese hecho por método acostumbrado, las 34 jornadas de aquel entonces, el Madrid también hubiese añadido el trofeo liguero a sus vitrinas, dejando segundo al Barcelona con dos puntos de diferencia. La igualdad durante toda la fase se plasmó también en los enfrentamientos directos entre los máximos rivales. En la octava jornada, disputada en el Bernabéu el 8 de octubre del 86, el Madrid y Barza empataron a 1 con tantos de Pedraza por parte de los culés y Hugo Sánchez de los merengues. El 31 de enero se jugó la vuelta, correspondiente a las jornada 25. El Madrid perdió 3-2, 'hat-trick' de Lineker, Valdano y Hugo Sánchez. Estuvo a punto de empatar el RMCF, que empezó perdiendo 3-0, pero al final no pudo ser en un partido muy polémico donde un objeto lanzado desde la grada llegó a alcanzar a Buyo. En los Derbys de la capital, la ida también acabó empate a 1 en el campo del Manzanares, el 7 de diciembre del 86. Landáburu y Hugo Sánchez fueron los artífices de los tantos. La vuelta, el 26 de marzo del 87, estuvo marcada por el homenaje que se realizó a Vicente Calderón, presidente rojiblanco recientemente fallecido. El partido concluyó con un 4-1 inapelable para el Madrid, con tantos de Sanchís, Martín Vázquez por partida doble, y Butragueño.
Así se llega al 4 de abril, día que se terminó la primera parte del campeonato con un 0-0 en Sarriá frente al Español. El Real Madrid afrontaba ahora la fase definitiva y que convertiría a esta edición en la más larga de la historia de la Liga. Las novedades que presentó el Real Madrid a principio de temporada fueron las de Paco Buyo, que llegó del Sevilla; Mino, procedente del Sporting de Gijón; Solana, que sube del Castilla; y Pardeza, quien es repescado. Además hay que añadir la incorporación de Milan Jankovic, que vino a reforzar al equipo en la recta final del campeonato. Su fichaje se produjo porque se dio de baja a Valdano, quien había contraído la hepatitis B, precisamente jugando contra el yugoslavo en la eliminatoria que enfrentó al Madrid con el Estrella Roja. A la vuelta del partido en Belgrado toda la plantilla se sometió a unos análisis para verificar que no se había producido contagio alguno. De los jugadores solo Valdano, pero el doctor Herredor también fue apartado del equipo al contraerla. Curiosamente él anunció, junto a Ramón Mendoza, los motivos de la baja de Jorge Valdano antes de saber que él también la tenía. La plaza de extranjero, pues, que dejó libre el argentino, la ocupó el jugador que había llamado la atención al cuerpo técnico en la eliminatoria.(Sobre Jankovic no me extiendo más que se está cociendo una entrada que se publicará en las próximas semanas).
Al tratarse de una temporada atípica y con más partidos que nunca, Leo Benhakker, entrenador aquel año, ideó junto con sus asistentes un plan específico de preparación. Benhakker declaró en su día que no veía la temporada en dos fases, si no como "un campeonato de 44 partidos. La pretemporada fue muy tranquila, con una preparación física sin forzar la máquina. Hemos buscado algún descanso más en los meses de diciembre y enero, sobre todo para los mundialistas Míchel, Butragueño, Camacho y Chendo. También hemos estado una semana en Marbella para refrescar un poco la máquina. Siempre enfocado a llegar al mes de junio a tope".
Así se encaraba la liguilla final a la que accedieron el Real Madrid, Barcelona, Sporting de Gijón, Mallorca, Zaragoza y Español. El primer encuentro que jugó el RMCF fue en casa contra el conjunto blaugrana con empate a cero. El resultado fue justo, pues el Barza no jugó a nada y parecía conformarse con el empate; mientras que el Madrid 3 días antes se había enfrentado al Bayern con la eliminación aún presente y fue incapaz de reaccionar. En la segunda jornada sí llegó la primera victoria. Concretamente fue en El Molinón, contra un Sporting cuyo centro del campo, liderado por Joaquín, era considerado por el entrenador madridista como el mejor de España. Fue un 0-1 con tanto del debutante Jankovic a pase de Míchel.
El Madrid despegó con dos victorias consecutivas en casa. En el tercer encuentro el Mallorca sucumbió ante los tantos de Gordillo, por partida doble, y Martín Vázquez. Este 3-0 demostró que el equipo de nuevo había cogido el ritmo. Se confirmó una semana después con el 2-1 al Zaragoza. Abrió el marcador Pardeza, para ser igualado por Señor nada más comenzar el segundo tiempo. De nuevo Pardeza puso las cosas en orden. En este partido Benhakker destacó un mal que aseguró que acompañó al equipo durante toda la temporada, que cuando juegan muy bien en la primera parte se relajan en exceso en la segunda. De ahí que no se cerrase antes el marcador y se sufriese hasta el final.
Once titular en un partido de la primera fase del campeonato.
Para cerrar la primera vuelta del "Play Off" se visitó Sarriá en la quinta jornada. Se dice que fue el día clave para hacerse con el campeonato. El conjunto blanco se puso 0-2 gracias a los goles de Hugo Sánchez, el segundo precedido de una asistencia de un Emilio Butragueño que reaparecía tras una baja por lesión. El partido parecía decidido, pero en 3 minutos los blanquiazules igualaron el marcador con los goles de "Pichi" Alonso de falta y Zúñiga. Cuando parecía que tocaba volver con un empate a la capital, Míchel envió a la red el balón que golpeó desde fuera del área en el minuto 90. Locura desatada por una victoria con la que ya no se contaba. Una semana después tocaba volver a la ciudad Condal para visitar el Camp Nou. Gracias al gol de Míchel, se hizo más llevadera la derrota por 2-1 (Roberto y Lineker; Hugo Sánchez) con le conjunto azulgrana en la sexta jornada. El empate estuvo muy cerca ya que el segundo tiempo fue de dominio madridista, pero nunca llegó.
El Sporting en el Bernabéu y sin opciones desde el minuto 1, cuando marcó el primero de 4 Hugo Sánchez. El mexicano en dos ocasiones más y Martín Vázquez cerraron el marcador. Benhakker opinó que fue el mejor partido que había visto a su equipo ese año. El mismo resultado se dio en la octava jornada en el Luis Sitjar contra el Mallorca. Butragueño, Martín Vázquez, Míchel y Sánchis dieron la victoria que dejaba el título liguero a un paso de las vitrinas madridistas.
Y así llegamos al día del alirón el 15 de junio de 1987. El Madrid se desplazó a La Romareda. El partido se disputaba simultáneamente con el del Barcelona en Gijón, ya que de ambos resultados dependía que hubiese o no campeón. Realmente hubo un desfase de horarios gracias a la picardía de Paco Buyo, ya que dijo al árbitro que sus botas estaban defectuosas y que necesitaba cambiarlas. Debido a esta triquiñuela se empezó con cinco minutos de retraso para ir recibiendo noticias de Asturias y a la vez poner nerviosos a los catalanes con lo que les pudiese llegar a ellos. El Madrid comenzó jugando su mejor fútbol y adelantándose en el marcador con 2 tantos de Butragueño. Aún así, el equipo se relajó permitiendo al Zaragoza asediar la portería blanca. La sentencia llegó en el minuto 80 con el tanto de Solana, haciendo inútil ya el gol que anotó seis minutos después Pineda para dejar el 1-3 final. La euforia se desató cuando concluyó el partido y llegó la noticia de que el Barcelona había perdido en El Molinón (1-0; gol de Zurdi). La combinación de ambos resultados hacía campeón al Real Madrid. Camacho, en muletas, saltó corriendo al césped junto a sus compañeros para la celebracíón.
Esto convirtió el último partido de la temporada, en casa contra el Español, en una fiesta. Pasillo, homenajes y entrega de la copa. El 2-2 final (Hugo Sánchez y Solana por el Madrid; Alonso y Mauri por el Español) fue una anécdota en un día de disfrute madrididista, como tantos y tantos.
Este es el resumen desde el punto de vista madridista de lo que fue la Liga del Play Off. Sin lugar a dudas, es un formato que no desearía lo más mínimo en la actualidad. Pero supongo que si realmente se plantea, lo que hará que se decanten o no por hacerla será el dinero.
Por todos es conocida la rivalidad entre el Real Madrid y el Bayern de Munich. En la retina tenemos los últimos enfrentamientos, cuya tensión alcanzó su cénit en las semifinales del 2002 por las reiteradas provocaciones bávaras tras el partido de ida en Alemania. Antes, en los 80, se recuerda aquella famosa eliminatoria en la que el Bernabéu esperaba otra noche mágica tras haber caído en la ida 4-1. El partido quedó 1-0 tras el gol de Santillana, quedando así lejos de la clasificación para la final. El partido se recuerda por las tensiones entre los jugadores y los incidententes desde la grada con múltiples lanzamientos de objetos. Como consecuencia, la UEFA cerró el Santiago Bernabéu 2 partidos, disputándose el año siguiente un encuentro a puerta cerrada, contra el Nápoles, y otro en Mestalla, Valencia, contra el Oporto.
Pero existen precedentes de la clausura del Bernabéu también en unas semifinales contra el Bayern de Múnich. Hay que remontarse a la temporada 1975/76. El Real Madrid alcanza la ronda previa a la final de la Copa de Europa tras eliminar al Dinamo de Bucarest, Derby County y Borussia Mönchengladbach respectivamente. El Bayern espera en semifinales cuyo partido de ida se disputa en el Estadio Santiago Bernabéu el 31 de marzo de 1976. Miljanic estaba en el banquillo, quien alineó para este encuentro a Miguel Ángel, Sol, Benito, Del Bosque, Camacho, Velázquez (sustituido a los 35' por Vitoria), Netzer, Rubiñán, Amancio, Santillana y Roberto Martínez (quien cedió su puesto a Guerini en el minuto 65).
Momento de la agresión al colegiado.
El portero alemán Maier reduciendo al agresor.
Roberto Martínez adelantó al Real Madrid a los 12 minutos de juego. En el 42, fue "Torpedo" Müller quien igualó el encuentro. Este sería el resultado hasta el final del partido, el cual se fue caldeando en la segunda parte por las decisiones arbitrales. Las crónicas de la época recogen que el Real Madrid fue superior en el primer tiempo, no así en el segundo. El colegiado del encuentro fue el austriaco Linemayer, considerado uno de los mejores del momento, quien sacó del partido a los jugadores madridistas con sus decisiones. Dejó de señalar una mano de Beckenbauer dentro del área porque prefirió ver un agarrón madridista en otro lado. Pero lo que provocó las iras de los jugadores y aficionados fue la decisión de no pitar un penalty, aparentemente claro, de Schwarzenberck a Santillana.
Fruto de estas circunstancias y "la temperatura" que se alcanzó en la grada, un aficionado saltó al césped para tomarse la justicia por su mano. Llegó a la altura del colegiado y le agredió. Lo mismo hizo con Müller, el delantero del Bayern. Fue el portero del conjunto alemán, Maier, quien redujo al agresor para ser detenido por la policía posteriormente. Este aficionado fue conocido como "el loco de Chamartín". Los periódicos alemanes abrieron el grifo de tinta sobre este asunto con el fin de presionar a la UEFA en pos de una sanción ejemplar para el club madrileño. Así, el diario Bild tituló en su primera página "Bayern 1:1. El árbitro y Müller brutalmente agredidos", señalando en su crónica que "el encuentro terminó con un espectáculo sangriento". Express publicó que "el encuentro terminó con gran escándalo a consecuencia del empate" y que dejaron "KO al árbitro y a Müller totalmente vapuleado". Lucien Schmidlin fue el representante de la UEFA en el encuentro, quien declaró: "Naturalmente que la agresión al árbitro constará en mi informe".
Otra toma de la trifulca con Maier y el aficionado forcejeando.
Por supuesto, el máximo organismo del fútbol europeo tomó cartas en el asunto. Como consecuencia de los incidentes, el Real Madrid se vio obligado a disputar los dos siguientes partidos europeos a una distancia mínima de 200 km. Así, el 29 de septiembre de 1976 el conjunto madridista se enfrentó en el partido de vuelta de la primera ronda de la Copa de Europa al Stal Mielec polaco en Valencia, en el por aquel entonces llamado Luis Casanova. El Madrid ganó 1-0 con gol de Pirri (1-2 para el RMCF en la ida). En la segunda ronda el rival fue el Brujas belga. La ida se disputó el 20 de octubre en La Rosaleda de Málaga. 0-0 fue el resultado, ganando los belgas 2-0 en la vuelta.
Artículo publicado en la revista Líbero, número 3-Invierno del 2013.
Texto Manuel Jabois/Ilustración Jorge Arévalo
Hace
unas semanas, en un partido jugado en un campo maravilloso, el del Levante, con
charcos, barro y botes fallidos (un partido como los de nuestra infancia, donde
sólo se echó de menos que las porterías no fuesen dos montonazos de ropa), a
Cristiano Ronaldo le rompieron el ojo de un codazo terrible, cuya culpa fue
rápidamente achacada al propio Cristiano y a Mourinho por el odio que generan
“sus actitudes”. Cristiano perdió visión, y con un solo ojo ganó el partido de
la misma manera que empató el partido del Nou Camp sin un brazo y podría ganar,
de proponérselo, la Copa de Europa sin una pierna.
En el
descanso los médicos consideraron que Ronaldo seguía perdiendo visión, y en
lugar de sacarlo ciego al campo para demostrar que el 7 del Madrid está más
allá de los sentidos y su juego es puramente animal, basado en instintos de
sangre, como un Edipo que se hubiese arrancado los ojos con la espada que
utilizaría después Mou para suicidarse, el entrenador decidió dejarlo en la
caseta partiéndose los tobillos contra los bancos para llegar a las duchas. Fue
una oportunidad perdida para los servicios médicos del Madrid: de haber cogido
el ojo sano y cosérselo en la frente, cerrando las dos cuencas antiguas (de una
civilización para Cristiano ya añeja, cubierta de polvo), habría alcanzado el
delantero del Madrid el esplendor estético que su juego demanda.
Un
Cristiano Ronaldo abriéndose por el campo con un solo ojo en el frontispicio
definiría mejor que cualquier parrafada del juego marciano del portugués, que
ha echado cuerpo tallado en acero y de aquellas filigranas espectaculares y
cintureras en el Manchester, subido a bicicletas inacabables y quiebros y
requiebros que harían partirle la cintura a una gitana, ha venido algo
invisible, un juego de tal impacto que ya no satura al rival atándole las
piernas, sino culminándolo por infarto.
Si
antes se subía a la bicicleta, ahora se sube al balón y al espacio. Expande su
cuerpo por el campo hasta cubrirlo de izquierda a derecha, y cuando salta como
un tigre de bengala a por la portería rival parece que hay cien mil hijos de
San Luis acompañándole con el pecho inflado. Cristiano está y dispara,
Cristiano acuchilla en una banda y en la otra, se queda flotando en el centro
para devolver paredes o despresurizar la vida, que es más difícil que una
defensa, y esprinta hasta desde una zona que se hace invisible a todos, pues no
entra en fuera de juego ni cuando enfila el túnel.
Cristiano
es la ‘razzia’ de la Yihad mourinhista, el salvoconducto de una gloria afeitada
y limpia como un guijarro; más que triunfos deportivos y derrocamientos
impensables, lo que deja CR son valores que encarnan el señorío: competitividad
extrema, odios africanos en el enemigo y derroche millonario en el campo. Hace
unos días se presentó por sorpresa en una fiesta pijísima de ‘Vogue’ en la que
era obligatorio presentarse con traje y él lo hizo saltándose el photocall y
apareciendo en vaqueros con una hebilla tremebunda casi tan grande como Messi.
En otras ocasiones hemos sabido de su comportamiento protodivo y chulesco en
aconteceres sociales a los que va con un cargamento de diamantes colgado en la
oreja, como si en lugar de un tímpano tuviese ahí dentro una mina de Bokassa.
Bien
por él, tan necesitados estamos de ídolos como los de antaño, cuando la épica y
el desperezamiento de egos imposibles. En estos tiempos de humildad Cristiano
recuerda que Troya se hizo con héroes de uno y otro lado; ni Paris, ni Áyax, ni
Ulises eran chicos “como tú y como yo”, que siempre saludan al salir del súper,
sino seres que se comunicaban con dioses y se movían a su antojo. Cristiano
Ronaldo, el de los pies alados, no parará hasta terminar su carrera paseando
con un carro de los tobillos a su particular Héctor alrededor del Nou Camp ante
el espanto de las masas amuralladas. Sobre su tendón maltrecho edificará el
Madrid la Décima y con el polvillo de alguno de sus pendientes mirará Platini
para otro lado cuando decida coger el balón, metérsolo bajo la camiseta e ir
hacia el campo contrario como SébastienChabal, que ya es,
verdaderamente, lo único que le falta para ser feliz.